Le perdonó la vida
Pudo haberlo goleado. Al final de ese primer tiempo, Boca mereció haberse ido al descanso con mucho más que el gol tempranero de Pablo Ledesma. Riquelme brilló en esos 45, en donde el equipo arrolló al rival.
Pero no sólo Boca tuvo un excelente rendimiento sino también Juan Pablo Carrizo, el arquero de River, y esa es quizás la principal razón por la que la gente ¿millonaria? festejó un empate que no mereció para nada.
Otra razón puede buscarse en la falta de definición de los delanteros xeneizes. Palermo falló en su fuerte, el cabezazo en tanto que Palacio sigue con una materia pendiente: rendir en un Superclásico.
En el segundo tiempo, River se tranquilizó y ordenó (¿o se le pasó el susto?). Empató enseguida y tuvo alguna que otra chance para dar vuelta el marcador, cosa que hubiera sido totalmente injusta.
Las caras largas de los hinchas de Boca y las sonrisas de los visitantes no deben importar a la hora del análisis. Este equipo, el de Russo, peleará el torneo hasta el final…
…Ellos quizá también, pero jugando así, a lo equipo chico, perdieron ese “paladar negro” del que años atrás se sentían orgullosos.
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Nota del Redactor: Sé que no es serio postear la nota sobre un partido 24 horas después pero hay máquinas que no avisan el momento en que van a morir. Sepan disculpar.
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