Los números a veces son subestimados, pero otras veces merecen ser atendidos: Boca cerró el peor torneo corto de su historia.
Fue un torneo atípico igualmente, habrá que buscar en los archivos cuándo fue la última vez que Boca disputó un campeonato completo con entrenadores interinos.
La gestión de Abel Alves ya fue por demás comentada, elogiada y criticada, lo cierto es que fue muy inestable, con cambios constantes e irregularidades que se trasladaron directamente a la producción del equipo en cancha, con actuaciones brillantes como el 2-0 ante River y otras para el olvido, como el 1-4 ante Chacarita.
El arco y la defensa merecen párrafos aparte: Roberto Abbondanzieri fue sacado por Alves a las pocas fechas por bajo rendimiento, para luego emigrar al Inter de Porto Alegre. Javier García hizo lo que pudo, con algunos errores pero con muchas atajadas espectaculares que valieron puntos en más de un partido. Estos destellos del joven arquero no coinciden con otra marca negativa: la valla más vencida de Boca en torneos cortos. La mancha fue aquel jueves en Santa Fé, en el 0-3 ante Colón donde fue reemplazado por Josué Ayala, que tuvo poca responsabilidad ese día.
La defensa hizo agua durante gran parte del campeonato, Ibarra fue marginado por Alves al mismo tiempo que Abbondanzieri para ser reemplazado por otras variantes que no se afirmaron, como Santiago Villafañe, Gary Medel que no pudo desempeñarse como lo hace en el mediocampo, Ezequiel Muñoz (de buen partido ante River en ese puesto) y Julio Barroso, de altibajos.
La zaga mostró grandes fallas con jugadores como Gabriel Paletta, que cerró la temporada con el gol en contra ante Banfield y podría emigrar en junio al mismo club del sur.
De todas formas, la cueva de la defensa mostró una mejora con la salida de Alves y la llegada de Pompei, Muñoz mejoró mucho su rendimiento (notable ante San Lorenzo e Independiente) con una caída al final.
El que se llevó la mayoría de los reproches fue el brasileño Luiz Alberto, que llegó a comienzos del campeonato y tuvo un comienzo prometedor en el empate ante Estudiantes. Sin embargo, esas promesas quedaron en la nada, cuando en pocos partidos su nivel decayó al del resto de la defensa. Los cientos de miles de dólares invertidos en el zaguero no dieron sus frutos.
Breyner Bonilla también estuvo en el ojo de la tormenta, para luego ser víctima de la discriminación en su enfrentamiento con Esteban Fuertes.
En el mediocampo hubo otro mal negocio: Sebastián Prediger, que con la multa pactada por no jugar el 70% de los partidos, le cuesta a Boca casi medio millón de dólares.
El mediocampo mostró la aparición de Cristian Erbes, de aceptable papel, además de la consolidación de Matías Giménez, que pasó de estar relegado en reserva y tener un pie afuera del club a la titularidad ante River para quedarse con el puesto. En él que no pudieron afianzarse Cristian Chávez y Federico Insúa (rememorando la frase que dice ‘poner el horno en la cocina y el sillón en el living’). Dos jugadores totalmente intrascendentes fueron Ariel Rosada y Guillermo Marino, candidatos a irse del club para la temporada próxima.
En ataque, se vio que pese a ser cuestionado por un sector, Juan Román Riquelme le da un plus importante a Boca, que lo extrañó horrores cuando no estuvo.
Nicolás Gaitán no fue el del Apertura, pero intentó desequilibrar. Deja el club en estos días, traspasado al Benfica aunque el pase aún no está definido.
Martín Palermo fue el goleador del equipo (una vez más) y candidato firme al Mundial de Sudáfrica.
Por otro lado, Pablo Mouche tuvo la oportunidad con la salida de Gaitán, pero dos ridículas expulsiones consecutivas lo condenan, debe cambiar mucho de su actitud en la cancha o su situación se puede complicar aún más en el club.
Boca debe hacer borrón y cuenta nueva, si se repite una temporada como esta, las risas y cargadas con el fantasma de la promoción y el descenso se pueden mudar de Núñez a La Boca. Hay que aprender de la realidad que viven nuestros rivales y reaccionar a tiempo. Hay que renovar el plantel, jerarquizarlo y apostar a los jóvenes que vienen desde abajo. La gira de las próximas semanas puede servir para empezar a delinear el próximo torneo.